Friday 24 april 5 24 /04 /Abr 21:31

 


Restos de la vagoneta Ford modelo 1964, en la que viajaban William Branham, Meda, su esposa y Sarah, su hija.

   Pensé: “Sí. Tengo cuarenta y siete años de edad. Ellos estaban recién casados tres años antes que yo naciera.” Cuarenta y siete años, estoy marchando en dirección al Jordán. Tengo que venir. Tengo que llegar allá. Voy a llegar allá. Pudiera ser un accidente en el camino. Pudiera caer del aire en un avión. Yo pudiera ser asesinado por un dardo del diablo en alguna parte y morir. No sé cómo me voy, pero hay una cosa que sé: me voy. Pero cuando llegue allí, quiero saber una cosa, que también tengo puesto un manto de segunda mano. No estoy confiando en el mío, porque no sirve.
MANTO DE SEGUNDA MANO   25/NOVIEMBRE/1956

 

EL ACCIDENTE

   La caravana de dos automóviles, un Chevrolet modelo 1965 y una vagoneta Ford 1964, saliendo de Tucson, Arizona, se encaminaron por la carretera 10 rumbo al este. Eran un poco antes de las 6 de la mañana del sábado 18 de diciembre de 1965.
    El automóvil Chevrolet era conducido por Billy Paul Branham. A un lado iba su esposa Loyce, y atrás  iba el pequeño Paul Branham, de cuatro años de edad, hijo de la pareja.
    En la vagoneta Ford, el Hermano William Branham iba al volante, su esposa Meda a un lado. En el asiento trasero iban sus hijos Sarah y Joseph.
    Su primera escala fue en un restaurante en Benson, Arizona, donde se detuvieron para el desayuno. Después de unas horas, se detuvieron en Álamo Gordo, Nuevo México, para la comida.
   Para las seis de la tarde, ya se encontraban en Clovis, Nuevo México, y listos para cenar.
    Habían planeado manejar hasta la ciudad de Amarillo, Texas, y allí pasar la noche, para continuar su viaje a la mañana siguiente hacia su siguiente escala, para luego llegar al destino final, el cual era Jeffersonville, Indiana.

   Eran las siete veinticinco, y la pequeña porción de la luna creciente que se apreciaba en el cielo ayudaba muy poco en despejar la oscuridad de la noche. La carretera de dos carriles entre Bovina y Friona, Texas, era plana y recta, con laterales amplios en cada lado del pavimento. La velocidad máxima era de sesenta y cinco millas por hora, precisamente la velocidad a la que iba Billy Paul cuando rebasó el carro que tenía de frente y luego se metió nuevamente a su carril. Momentos después, vio que venía hacia él lo que pensó ser el faro singular de una motocicleta, y venía virando de un lado a otro por la línea divisoria de la carretera. De repente pudo ver que no era una motocicleta sino un automóvil al cual le faltaba un faro, el del lado del conductor. Más de la mitad del vehículo estaba en su carril, y ya casi lo tenía encima. Billy giró el volante violentamente hacia la derecha causando que su carro se saliera completamente de la carretera. Durante el instante en que controló su vehículo y lo devolvió a la carretera, el otro vehículo, descontrolado, con el cual casi chocó, literalmente explotó de frente con el carro que venía atrás.
   En el espejo retrovisor Billy Paul pudo ver el momento del impacto. El sonido del choque cortó a través de la noche fría en aquel llano de Texas como un trueno de guerra, envolviéndolo a él y sellando en su mente para siempre los ecos de aquel rugido.
   Loyce comenzó a gritar: “¡Es el carro de tu papá! ¡Es el carro de tu papá!”
   Pisó duro en el pedal del freno y giró el carro en ciento ochenta grados, dirigiéndose hacia la escena del choque. “¡El carro que yo rebasé estaba entre nosotros y Papá!” Era una respuesta frenética que a la vez era una pregunta y una súplica desesperada. Cuando la luz de sus faros penetró el aire polvoroso y lleno de escombros, pudo ver algunos de los resultados de la destrucción todavía girando debido a la fuerza del impacto. Penetraciones de asfalto y aceite le llamaban la atención hacia la izquierda, y dirigió su carro en esa dirección.
   En los confines de la luz estaba un cuadro de ruina total. La camioneta Ford estaba a un ángulo con la carretera, con el frente hacia el este y todavía sobre las cuatro ruedas, pero el lado del chofer había sido transformado en una erupción de alambres y metal retorcido. No había cinturones de seguridad, que al haberlos, hubieran ofrecido algo de protección a los ocupantes del vehículo. De los tres pasajeros, sólo se podía ver al Hermano Branham. De la cintura para abajo estaba prensado entre la puerta triturada y la columna direccional, y su cabeza y hombros estaban proyectados por el parabrisas destrozado. La luz áspera de los faros destacaba su rostro, que estaba volteado hacia fuera.*
* Tomado de la revista SÓLO CREED de Believers International.


Área del accidente en Parmerton Hill, Texas. Esta cartografía es del año 1965.


Noticia publicada en el periódico The Friona Star


   Del sitio del accidente, William Branham fue trasladado junto con su esposa e hija al Hospital de la Comunidad del Condado de Parmer. Al no tener los instrumentos para darle la atención necesaria, fue trasladado el Hospital Northwest Texas, de Amarillo, Texas, donde estuvo la mayor parte del tiempo en un estado de inconsciencia durante seis días.

 

SU MUERTE

   Después de una lucha ardua de los médicos para conseguir su restablecimiento, el tiempo de su partida de esta tierra había llegado.

   El Rev. Pearry Green recuerda:
   Eran apenas pasadas las 4:30 en la mañana del 24 de Diciembre, cuando la enfermera abrió la puerta de la sala de espera para decirme que el Hermano Branham había parado de respirar a las 4:37 a.m. y que ella lo había puesto en la máquina respiratoria. La máquina entonces estaba respirando por él; yo podía oír su sonido en el cuarto siguiente. Otro paso hacia lo peor, pero yo todavía creía que Dios sólo dejaría seguir esto hasta cierto punto antes que el Hermano Branham sanara. A pesar de los apresurados días contestando el teléfono, haciendo arreglos por un teléfono especial, permiso especial para aquéllos que querían orar por el Hermano Branham, muchas veces en las horas tempranas de la mañana cuando ellos llegaban a la ciudad, aún así mi fe se mantuvo. Si Ud. me hubiera dicho que él no iba a sanar, yo le hubiera dicho a Ud. que Ud. simplemente no sabía de lo que estaba hablando.
   La hora era las 4:49 p.m. del viernes 24 de Diciembre. Otra vez, estaba solo en la sala de espera. Levanté la vista mientras la enfermera abrió la puerta. Su cara descubrió la dolorosa noticia que ella traía mientras me pidió si podía traer al       “Señor Branham.”
   “¿Terminó… todo?” pregunté yo.
   Ella movió su cabeza (no confiando en su voz) “Sí.”
Yo estaba tranquilo, notablemente tranquilo, como sostenido por una fuerza fuera de mí, mientras caminé por el pasillo y bajé en el elevador hacia el comedor donde yo sabía que el Hermano Billy Paul estaba cenando. En la extraña manera que insignificantes hechos se marcan por si mismos en la memoria de uno en tiempo de pesar o gran tensión, yo recuerdo que Billy estaba allí, comiendo un pedazo de pastel de chocolate.
   “Hermano Billy.” Le dije, “la enfermera me dice que el Doctor Hines quiere verte.”
El Doctor Hines era el doctor de osteología del Hermano Branham. Él había hecho un pequeño dibujo del codo del Hermano Branham y de los huesos del muslo para enseñar a algunos de nosotros la condición terriblemente torturada de esos huesos cuando el Hermano Branham fue internado. Yo todavía tengo este pequeño esquema. “Imposible reparar,” fueron sus palabras para describir el daño causado. Unos cuantos días después, sin embargo, él hizo nuevos esquemas para enseñarnos la manera milagrosa en que estos mismos huesos se habían vuelto a juntar por sí mismos. Él no dijo que el Hermano Branham estaba bien, pero él estaba sorprendido, y dijo que su estructura ósea estaba “diez mil veces mejor ahora, que cuando fue admitido en el hospital.” A esto se atribuye lo del rumor que muchos oyeron de que el profeta había sido sanado de todos sus huesos. Algo sobrenatural había acontecido lo que ni aún este especialista en estructura de los huesos pudo entender. 
   Billy me pidió que fuera con él a ver al Doctor Hines. Mientras entramos al cuarto de consulta, podíamos ver hacia la Unidad de Cuidado Intensivo donde la enfermera había cerrado las cortinas alrededor de la cama del Hermano Branham. En esto, Billy Paul me dijo y dijo, “Pearry, todo ha terminado.” Yo miré hacia otro lado para esconder las lágrimas y entonces, el Doctor Hines entró.*
* Tomado del libro LOS HECHOS DEL PROFETA de Pearry Green


Recorte de periódico anunciando la muerte del Rev. William Branham


Hospital Northwest Texas, de Amarillo, Texas, donde falleció el Hermano Branham

 

SU FUNERAL

   Después de su deceso, el cuerpo de William Branham fue trasladado a aquella ciudad que lo había visto crecer, comenzar en su ministerio local, escalar a un ministerio mundial, y que finalmente recibiría en su suelo sus restos mortales.
   El miércoles 29 de diciembre, el Tabernáculo Branham fue abierto con el propósito de rendirle un servicio funeral a su fundador, el Rev. William Branham.

Calles circundantes al Tabernáculo Branham completamente llenas de automóviles de los dolientes que asistieron al servicio funeral.

 

 

 

 


Periódico The Evening News de Jeffersonville, Indiana, de fecha 29 de diciembre de 1965.



Periódico THE EVENING NEWS del miércoles 29 de Diciembre de 1965.

 



Periódico THE EVENING NEWS del miércoles 29 de Diciembre de 1965.


   Dolientes de todos los Estados Unidos y al menos un país extranjero estuvieron hoy en Jeffersonville para presentar sus respetos finales al Rev. William M. “Billy” Branham, quien murió en la víspera de Navidad en Amarillo, Tex., de las heridas recibidas en un accidente de tránsito.
  Varias personas llegaron volando por jet desde el África para asistir a los servicios funerales para el Rev. Branham los cuales fueron celebrados hoy en el tabernáculo que él fundó en las Calles Octava y Penn.
   El Rev. Orman Neville, de Henryville, pastor asociado en el tabernáculo, dirigió los servicios y predicó el sermón principal. Él fue asistido por el Rev. Raymond Jackson, de Elizabeth, quien predicó un breve mensaje a los dolientes; el Rev. Donald Ruddell, de Jeffersonville, quien dirigió los servicios de oración; el Rev. Willard Collins, de Tucson, Ariz., quien leyó de las escrituras; y el Rev. Pearry Green, también de Tucson, quien dirigió las alabanzas y la lectura del obituario.
   La música para el servicio, la cual fue entonada por la congregación interdenominacional completa, se centró en torno a “En Las Alas De Una Paloma,” la cual el Rev. Branham cantó en una reunión en Shreveport, La., una de sus últimas cinco reuniones.
   Los que cargaron el féretro fueron el Hermano Banks Woods, de Jeffersonville, un síndico del tabernáculo; el Hermano Mike Egan, de Jeffersonville, un síndico; el Hermano Tony Zabel, de Louisville, un diácono; el Hermano Hollin Hickerson, La Grange, Ky., un diácono; el Hermano Carl Wheeler, de New Albany, un diácono; y el Hermano Willard, Collins, de Arizona, que conserva su diaconado aquí.

Sepultura Aplazada
   No se llevó a cabo hoy la sepultura, ya que los miembros de la familia están esperando que la condición de la Sra. Branham mejore al punto donde ella pueda decidir dónde tomará lugar el entierro.
   La Sra. Branham fue herida gravemente en el accidente automovilístico el cual resultó en la muerte se su esposo, y ella ha sido cambiada al pabellón de cuidados intensivos en el Hospital  Memorial Clark.
   Un número de líderes evangelísticos de toda la nación llegaron a Jeffersonville a presentar sus respetos finales a uno de sus líderes. Entre ellos estuvieron Gordon Lindsay, editor de la “Voz de Sanidad” y el patrocinador del esfuerzo misionero en Palestina; y T. L. Osborn, de Tulsa, editor de una de las publicaciones evangelísticas.

Graham no estuvo aquí
   Se rumoró que Billy Graham asistiría a los servicios funerales, pero Green, quien se puso en contacto con muchos de los líderes religiosos, negó esto.
   Las calles de la ciudad fueron obstruidas con los automóviles de aquellos que de por todo el país que vinieron al funeral. Centenares de personas atiborraron el tabernáculo horas antes del servicio, mientras una multitud igualmente grande se reunió en el exterior.
   Los policías de Jeffersonville estuvieron pendientes para dirigir el tránsito, y los bomberos locales estuvieron presentes en caso de que fueran necesarios primeros auxilios.
   La Calle Octava, desde la Mechanic hasta la Graham, fue cerrada a la circulación de tráfico por orden de la Junta de Obras Públicas y Seguridad para permitir el estacionamiento para aquellos que acudieron al servicio. Las intersecciones norte-sur permanecieron abiertas sólo para vehículos de emergencia.
   El Rev. Branham, de 56 años, comenzó su carrera evangelística en Jeffersonville hace 35 años. Sus reuniones evangelísticas lo llevaron por todos los Estados Unidos, la India, México, Inglaterra, Finlandia, Noruega, Canadá, y Puerto Rico. En adición, él hizo tres viajes a las secciones de Ciudad del Cabo y Kenya del África.
   El Rev. Branham había sido invitado a conducir una cruzada en Francia después del primero de enero, y se cree que su itinerario lo llevaría al África una vez más.
   El ministro local, a quien el Rev. Neville llamó “el profeta-mensajero de la era,” estaba en ruta hacia Jeffersonville para los días feriados de Navidad en el momento del accidente, el 19 de Dic.

Mensaje de Contenido Desconocido
   La familia conservaba una casa aquí en Ewing Lane así como una en Tucson y consideraba a este su “hogar.” Durante su estancia, la cual siempre incluía visitas a amigos en Campbellsville, Ky., el Rev. Neville declaró, que el Rev. Branham estaba programado para predicarle un mensaje a la congregación local. El mensaje había de haber sido grabado en cinta y distribuido a todas partes del mundo. El pastor asociado dijo que un número de los mensajes del Rev. Branham eran grabados en cinta  en el tabernáculo local y enviados alrededor del mundo. El contenido del último mensaje no se conoce, comentó el Rev. Neville.
   El Rev. Branham murió de heridas severas en la cabeza, costillas aplastadas y fracturas de muslo y pelvis. Su hija también fue hospitalizada con una espalda fracturada la cual ella sufrió en el accidente cerca de Friona, Tex.
   La primera esposa e hija del Rev. Branham murieron dentro de dos días una de la otra durante la inundación de 1937, y están sepultadas juntas en el Cementerio Walnut Ridge.  


Foto tomada a las 4:30 P. M. en Jeffersonville, Indiana. Por Lee Miller, de Columbus, Ohio, el día del funeral.

   Demos Shakarian, presidente los Hombres de Negocio del Evangelio completo, publicó esta esquela en la revista La Voz de Sanidad.


 
Portada de la revista La Voz De Sanidad, en su edición de febrero de 1966, la cual es una Edición Memorial de William Branham

 


Restos de la vagoneta Ford modelo 1964, en la que viajaban William Branham, Meda, su esposa y Sarah, su hija.

   Pensé: “Sí. Tengo cuarenta y siete años de edad. Ellos estaban recién casados tres años antes que yo naciera.” Cuarenta y siete años, estoy marchando en dirección al Jordán. Tengo que venir. Tengo que llegar allá. Voy a llegar allá. Pudiera ser un accidente en el camino. Pudiera caer del aire en un avión. Yo pudiera ser asesinado por un dardo del diablo en alguna parte y morir. No sé cómo me voy, pero hay una cosa que sé: me voy. Pero cuando llegue allí, quiero saber una cosa, que también tengo puesto un manto de segunda mano. No estoy confiando en el mío, porque no sirve.
MANTO DE SEGUNDA MANO   25/NOVIEMBRE/1956

 

EL ACCIDENTE

   La caravana de dos automóviles, un Chevrolet modelo 1965 y una vagoneta Ford 1964, saliendo de Tucson, Arizona, se encaminaron por la carretera 10 rumbo al este. Eran un poco antes de las 6 de la mañana del sábado 18 de diciembre de 1965.
    El automóvil Chevrolet era conducido por Billy Paul Branham. A un lado iba su esposa Loyce, y atrás  iba el pequeño Paul Branham, de cuatro años de edad, hijo de la pareja.
    En la vagoneta Ford, el Hermano William Branham iba al volante, su esposa Meda a un lado. En el asiento trasero iban sus hijos Sarah y Joseph.
    Su primera escala fue en un restaurante en Benson, Arizona, donde se detuvieron para el desayuno. Después de unas horas, se detuvieron en Álamo Gordo, Nuevo México, para la comida.
   Para las seis de la tarde, ya se encontraban en Clovis, Nuevo México, y listos para cenar.
    Habían planeado manejar hasta la ciudad de Amarillo, Texas, y allí pasar la noche, para continuar su viaje a la mañana siguiente hacia su siguiente escala, para luego llegar al destino final, el cual era Jeffersonville, Indiana.

   Eran las siete veinticinco, y la pequeña porción de la luna creciente que se apreciaba en el cielo ayudaba muy poco en despejar la oscuridad de la noche. La carretera de dos carriles entre Bovina y Friona, Texas, era plana y recta, con laterales amplios en cada lado del pavimento. La velocidad máxima era de sesenta y cinco millas por hora, precisamente la velocidad a la que iba Billy Paul cuando rebasó el carro que tenía de frente y luego se metió nuevamente a su carril. Momentos después, vio que venía hacia él lo que pensó ser el faro singular de una motocicleta, y venía virando de un lado a otro por la línea divisoria de la carretera. De repente pudo ver que no era una motocicleta sino un automóvil al cual le faltaba un faro, el del lado del conductor. Más de la mitad del vehículo estaba en su carril, y ya casi lo tenía encima. Billy giró el volante violentamente hacia la derecha causando que su carro se saliera completamente de la carretera. Durante el instante en que controló su vehículo y lo devolvió a la carretera, el otro vehículo, descontrolado, con el cual casi chocó, literalmente explotó de frente con el carro que venía atrás.
   En el espejo retrovisor Billy Paul pudo ver el momento del impacto. El sonido del choque cortó a través de la noche fría en aquel llano de Texas como un trueno de guerra, envolviéndolo a él y sellando en su mente para siempre los ecos de aquel rugido.
   Loyce comenzó a gritar: “¡Es el carro de tu papá! ¡Es el carro de tu papá!”
   Pisó duro en el pedal del freno y giró el carro en ciento ochenta grados, dirigiéndose hacia la escena del choque. “¡El carro que yo rebasé estaba entre nosotros y Papá!” Era una respuesta frenética que a la vez era una pregunta y una súplica desesperada. Cuando la luz de sus faros penetró el aire polvoroso y lleno de escombros, pudo ver algunos de los resultados de la destrucción todavía girando debido a la fuerza del impacto. Penetraciones de asfalto y aceite le llamaban la atención hacia la izquierda, y dirigió su carro en esa dirección.
   En los confines de la luz estaba un cuadro de ruina total. La camioneta Ford estaba a un ángulo con la carretera, con el frente hacia el este y todavía sobre las cuatro ruedas, pero el lado del chofer había sido transformado en una erupción de alambres y metal retorcido. No había cinturones de seguridad, que al haberlos, hubieran ofrecido algo de protección a los ocupantes del vehículo. De los tres pasajeros, sólo se podía ver al Hermano Branham. De la cintura para abajo estaba prensado entre la puerta triturada y la columna direccional, y su cabeza y hombros estaban proyectados por el parabrisas destrozado. La luz áspera de los faros destacaba su rostro, que estaba volteado hacia fuera.*
* Tomado de la revista SÓLO CREED de Believers International.


Área del accidente en Parmerton Hill, Texas. Esta cartografía es del año 1965.


Noticia publicada en el periódico The Friona Star


   Del sitio del accidente, William Branham fue trasladado junto con su esposa e hija al Hospital de la Comunidad del Condado de Parmer. Al no tener los instrumentos para darle la atención necesaria, fue trasladado el Hospital Northwest Texas, de Amarillo, Texas, donde estuvo la mayor parte del tiempo en un estado de inconsciencia durante seis días.

 

SU MUERTE

   Después de una lucha ardua de los médicos para conseguir su restablecimiento, el tiempo de su partida de esta tierra había llegado.

   El Rev. Pearry Green recuerda:
   Eran apenas pasadas las 4:30 en la mañana del 24 de Diciembre, cuando la enfermera abrió la puerta de la sala de espera para decirme que el Hermano Branham había parado de respirar a las 4:37 a.m. y que ella lo había puesto en la máquina respiratoria. La máquina entonces estaba respirando por él; yo podía oír su sonido en el cuarto siguiente. Otro paso hacia lo peor, pero yo todavía creía que Dios sólo dejaría seguir esto hasta cierto punto antes que el Hermano Branham sanara. A pesar de los apresurados días contestando el teléfono, haciendo arreglos por un teléfono especial, permiso especial para aquéllos que querían orar por el Hermano Branham, muchas veces en las horas tempranas de la mañana cuando ellos llegaban a la ciudad, aún así mi fe se mantuvo. Si Ud. me hubiera dicho que él no iba a sanar, yo le hubiera dicho a Ud. que Ud. simplemente no sabía de lo que estaba hablando.
   La hora era las 4:49 p.m. del viernes 24 de Diciembre. Otra vez, estaba solo en la sala de espera. Levanté la vista mientras la enfermera abrió la puerta. Su cara descubrió la dolorosa noticia que ella traía mientras me pidió si podía traer al       “Señor Branham.”
   “¿Terminó… todo?” pregunté yo.
   Ella movió su cabeza (no confiando en su voz) “Sí.”
Yo estaba tranquilo, notablemente tranquilo, como sostenido por una fuerza fuera de mí, mientras caminé por el pasillo y bajé en el elevador hacia el comedor donde yo sabía que el Hermano Billy Paul estaba cenando. En la extraña manera que insignificantes hechos se marcan por si mismos en la memoria de uno en tiempo de pesar o gran tensión, yo recuerdo que Billy estaba allí, comiendo un pedazo de pastel de chocolate.
   “Hermano Billy.” Le dije, “la enfermera me dice que el Doctor Hines quiere verte.”
El Doctor Hines era el doctor de osteología del Hermano Branham. Él había hecho un pequeño dibujo del codo del Hermano Branham y de los huesos del muslo para enseñar a algunos de nosotros la condición terriblemente torturada de esos huesos cuando el Hermano Branham fue internado. Yo todavía tengo este pequeño esquema. “Imposible reparar,” fueron sus palabras para describir el daño causado. Unos cuantos días después, sin embargo, él hizo nuevos esquemas para enseñarnos la manera milagrosa en que estos mismos huesos se habían vuelto a juntar por sí mismos. Él no dijo que el Hermano Branham estaba bien, pero él estaba sorprendido, y dijo que su estructura ósea estaba “diez mil veces mejor ahora, que cuando fue admitido en el hospital.” A esto se atribuye lo del rumor que muchos oyeron de que el profeta había sido sanado de todos sus huesos. Algo sobrenatural había acontecido lo que ni aún este especialista en estructura de los huesos pudo entender. 
   Billy me pidió que fuera con él a ver al Doctor Hines. Mientras entramos al cuarto de consulta, podíamos ver hacia la Unidad de Cuidado Intensivo donde la enfermera había cerrado las cortinas alrededor de la cama del Hermano Branham. En esto, Billy Paul me dijo y dijo, “Pearry, todo ha terminado.” Yo miré hacia otro lado para esconder las lágrimas y entonces, el Doctor Hines entró.*
* Tomado del libro LOS HECHOS DEL PROFETA de Pearry Green


Recorte de periódico anunciando la muerte del Rev. William Branham


Hospital Northwest Texas, de Amarillo, Texas, donde falleció el Hermano Branham

 

SU FUNERAL

   Después de su deceso, el cuerpo de William Branham fue trasladado a aquella ciudad que lo había visto crecer, comenzar en su ministerio local, escalar a un ministerio mundial, y que finalmente recibiría en su suelo sus restos mortales.
   El miércoles 29 de diciembre, el Tabernáculo Branham fue abierto con el propósito de rendirle un servicio funeral a su fundador, el Rev. William Branham.

Calles circundantes al Tabernáculo Branham completamente llenas de automóviles de los dolientes que asistieron al servicio funeral.

 

 

 

 


Periódico The Evening News de Jeffersonville, Indiana, de fecha 29 de diciembre de 1965.



Periódico THE EVENING NEWS del miércoles 29 de Diciembre de 1965.

 



Periódico THE EVENING NEWS del miércoles 29 de Diciembre de 1965.


   Dolientes de todos los Estados Unidos y al menos un país extranjero estuvieron hoy en Jeffersonville para presentar sus respetos finales al Rev. William M. “Billy” Branham, quien murió en la víspera de Navidad en Amarillo, Tex., de las heridas recibidas en un accidente de tránsito.
  Varias personas llegaron volando por jet desde el África para asistir a los servicios funerales para el Rev. Branham los cuales fueron celebrados hoy en el tabernáculo que él fundó en las Calles Octava y Penn.
   El Rev. Orman Neville, de Henryville, pastor asociado en el tabernáculo, dirigió los servicios y predicó el sermón principal. Él fue asistido por el Rev. Raymond Jackson, de Elizabeth, quien predicó un breve mensaje a los dolientes; el Rev. Donald Ruddell, de Jeffersonville, quien dirigió los servicios de oración; el Rev. Willard Collins, de Tucson, Ariz., quien leyó de las escrituras; y el Rev. Pearry Green, también de Tucson, quien dirigió las alabanzas y la lectura del obituario.
   La música para el servicio, la cual fue entonada por la congregación interdenominacional completa, se centró en torno a “En Las Alas De Una Paloma,” la cual el Rev. Branham cantó en una reunión en Shreveport, La., una de sus últimas cinco reuniones.
   Los que cargaron el féretro fueron el Hermano Banks Woods, de Jeffersonville, un síndico del tabernáculo; el Hermano Mike Egan, de Jeffersonville, un síndico; el Hermano Tony Zabel, de Louisville, un diácono; el Hermano Hollin Hickerson, La Grange, Ky., un diácono; el Hermano Carl Wheeler, de New Albany, un diácono; y el Hermano Willard, Collins, de Arizona, que conserva su diaconado aquí.

Sepultura Aplazada
   No se llevó a cabo hoy la sepultura, ya que los miembros de la familia están esperando que la condición de la Sra. Branham mejore al punto donde ella pueda decidir dónde tomará lugar el entierro.
   La Sra. Branham fue herida gravemente en el accidente automovilístico el cual resultó en la muerte se su esposo, y ella ha sido cambiada al pabellón de cuidados intensivos en el Hospital  Memorial Clark.
   Un número de líderes evangelísticos de toda la nación llegaron a Jeffersonville a presentar sus respetos finales a uno de sus líderes. Entre ellos estuvieron Gordon Lindsay, editor de la “Voz de Sanidad” y el patrocinador del esfuerzo misionero en Palestina; y T. L. Osborn, de Tulsa, editor de una de las publicaciones evangelísticas.

Graham no estuvo aquí
   Se rumoró que Billy Graham asistiría a los servicios funerales, pero Green, quien se puso en contacto con muchos de los líderes religiosos, negó esto.
   Las calles de la ciudad fueron obstruidas con los automóviles de aquellos que de por todo el país que vinieron al funeral. Centenares de personas atiborraron el tabernáculo horas antes del servicio, mientras una multitud igualmente grande se reunió en el exterior.
   Los policías de Jeffersonville estuvieron pendientes para dirigir el tránsito, y los bomberos locales estuvieron presentes en caso de que fueran necesarios primeros auxilios.
   La Calle Octava, desde la Mechanic hasta la Graham, fue cerrada a la circulación de tráfico por orden de la Junta de Obras Públicas y Seguridad para permitir el estacionamiento para aquellos que acudieron al servicio. Las intersecciones norte-sur permanecieron abiertas sólo para vehículos de emergencia.
   El Rev. Branham, de 56 años, comenzó su carrera evangelística en Jeffersonville hace 35 años. Sus reuniones evangelísticas lo llevaron por todos los Estados Unidos, la India, México, Inglaterra, Finlandia, Noruega, Canadá, y Puerto Rico. En adición, él hizo tres viajes a las secciones de Ciudad del Cabo y Kenya del África.
   El Rev. Branham había sido invitado a conducir una cruzada en Francia después del primero de enero, y se cree que su itinerario lo llevaría al África una vez más.
   El ministro local, a quien el Rev. Neville llamó “el profeta-mensajero de la era,” estaba en ruta hacia Jeffersonville para los días feriados de Navidad en el momento del accidente, el 19 de Dic.

Mensaje de Contenido Desconocido
   La familia conservaba una casa aquí en Ewing Lane así como una en Tucson y consideraba a este su “hogar.” Durante su estancia, la cual siempre incluía visitas a amigos en Campbellsville, Ky., el Rev. Neville declaró, que el Rev. Branham estaba programado para predicarle un mensaje a la congregación local. El mensaje había de haber sido grabado en cinta y distribuido a todas partes del mundo. El pastor asociado dijo que un número de los mensajes del Rev. Branham eran grabados en cinta  en el tabernáculo local y enviados alrededor del mundo. El contenido del último mensaje no se conoce, comentó el Rev. Neville.
   El Rev. Branham murió de heridas severas en la cabeza, costillas aplastadas y fracturas de muslo y pelvis. Su hija también fue hospitalizada con una espalda fracturada la cual ella sufrió en el accidente cerca de Friona, Tex.
   La primera esposa e hija del Rev. Branham murieron dentro de dos días una de la otra durante la inundación de 1937, y están sepultadas juntas en el Cementerio Walnut Ridge.  


Foto tomada a las 4:30 P. M. en Jeffersonville, Indiana. Por Lee Miller, de Columbus, Ohio, el día del funeral.

   Demos Shakarian, presidente los Hombres de Negocio del Evangelio completo, publicó esta esquela en la revista La Voz de Sanidad.



Portada de la revista La Voz De Sanidad, en su edición de febrero de 1966, la cual es una Edición Memorial de William Branham

   Yo dije: “Mira, Billy, uno de estos días, no vas a tener un papá que cuide de ti. Papá se habrá ido, una de estas mañanas. Tú entrarás en el cuarto y mirarás, quizás. Papá estará acostado allí. Lo sacudirás, pero no despertará”. Yo dije: “Entonces ellos me transportarán, a esta iglesita, en una caja. Tú pasarás al lado, con tu pañuelo en tu mano, llorando; mirarás hacia abajo, dirás: ‘Ese es mi anciano papá. Desearía haberle prestado atención’”. Yo dije: “Pero recuerda, Billy, yo siempre he sido un madrugador”.
   ¡Aleluya! [Espacio en blanco en la cinta.-Editor]... bendita trompeta suene, yo saldré en la primera resurrección.
   Yo creo en madrugar, (aleluya), algún día glorioso, por la gracia de Dios
EL SONIDO INCIERTO   31/JULIO/1955.

 

   Yo dije: “Mira, Billy, uno de estos días, no vas a tener un papá que cuide de ti. Papá se habrá ido, una de estas mañanas. Tú entrarás en el cuarto y mirarás, quizás. Papá estará acostado allí. Lo sacudirás, pero no despertará”. Yo dije: “Entonces ellos me transportarán, a esta iglesita, en una caja. Tú pasarás al lado, con tu pañuelo en tu mano, llorando; mirarás hacia abajo, dirás: ‘Ese es mi anciano papá. Desearía haberle prestado atención’”. Yo dije: “Pero recuerda, Billy, yo siempre he sido un madrugador”.
   ¡Aleluya! [Espacio en blanco en la cinta.-Editor]... bendita trompeta suene, yo saldré en la primera resurrección.
   Yo creo en madrugar, (aleluya), algún día glorioso, por la gracia de Dios
EL SONIDO INCIERTO   31/JULIO/1955.

Por santiago l.r - Publicado en: religion
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